Corría 1978, año jodido como pocos, en esa época la idea de irme del país, después de haber perdido amigos a mano de los militares, iba haciéndose cada vez más grande. Además mi carrera de psicólogo estaba suspendida desde el 74 por los riesgos que había en la facultad. En ese contexto la música fue (y es) mi actividad salvadora; había tocado la batería en el 77 con Raúl Porchetto, antes con Jimmie Rodríguez Anido, Alejandro Lerner, Federico Ostersek, Gustavo Bazterrica, y otros músicos de rock, también había hecho percusión en algunos grupos folclóricos. Jimmie me contó que unos amigos estaban colaborando en producción con un grupo acústico que fusionaba distintos géneros musicales, con buenas letras, y que estaba por dar su primer recital, al que me invita. De este modo llego como público a la primera presentación formal de La Fuente en el Centro de Artes y Música. El primer impacto cuando empezó la actuación fue mágico, una filigrana de sonidos de guitarras, flauta, voces y percusió...